Persigamos rayos, lunas, y truenos
que sirvan para iluminar el firmamento;
persigamos el canto de aquel jilguero
que nos despertó cuando el sol ya estaba puesto.
Recorramos aquel verde prado;
sentémonos, donde antaño nos tumbamos,
y miremos juntos las fotografías,
en las que aún sonreías.
Creemos nuevos recuerdos, sonrisas, y sueños;
digamosle adiós a aquella prisión de marfil altanero;
dejemos que la sonora clave huya, se temple de nuevo.
Seamos quien somos: ni niños, ni viejos,
que avance la aguja. Pero a tempo lento.
jueves, 31 de enero de 2013
domingo, 27 de enero de 2013
Sapo.
Puente que no camina,
que mira despacio sin ver, sin salida.
Puente de sueños amargos.
Puente, de hielo, en verano.
Letras pesadas, con besos,
y un verso se enreda en mi alma.
No digas nada. Deja que entre el silencio,
por aquella escalera nublada.
¿Dónde estás? No te veo - preguntaba.-
¿cómo eres? - Y tú callabas.
Sonreías: soy un ángel, un demonio
con el alma congelada.
Mis ojos seguían cerrados,
te palpaba, adivinando cómo eras,
te gritaba, en silencio, que vinieras,
y entonces apareció un frío sapo.
¿Tú quién eres? -pregunté.
- Lo sabes bien:
la realidad que elegiste no ver.
Y fue así:
en el momento en que te conocí,
en ese mismo instante, te perdí.
que mira despacio sin ver, sin salida.
Puente de sueños amargos.
Puente, de hielo, en verano.
Letras pesadas, con besos,
y un verso se enreda en mi alma.
No digas nada. Deja que entre el silencio,
por aquella escalera nublada.
¿Dónde estás? No te veo - preguntaba.-
¿cómo eres? - Y tú callabas.
Sonreías: soy un ángel, un demonio
con el alma congelada.
Mis ojos seguían cerrados,
te palpaba, adivinando cómo eras,
te gritaba, en silencio, que vinieras,
y entonces apareció un frío sapo.
¿Tú quién eres? -pregunté.
- Lo sabes bien:
la realidad que elegiste no ver.
Y fue así:
en el momento en que te conocí,
en ese mismo instante, te perdí.
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