Aunque no te lo creas, te recuerdo.
Y me acuerdo de aquel lienzo
en blanco que pintamos en silencio.
Y me acuerdo de los sueños, de las nubes,
de los chaparrones y del viento.
Y me acuerdo de los besos, de los muñecos
que dibujamos en aquel cielo soleado que inventamos
donde enterrábamos nuestros miedos.
Y de aquella rosa que nunca estuvo en mi mano.
De tu sonrisa, que a veces selló mis labios.
De tu mirada, que recogió mis versos.
De ti. Y de mi. Caminando sobre el lago.
De la ventana. En la que nunca me senté
- pues nunca pude volar -.
De aquellas noches, leyendo en tu habitación
- sí, aquella que no pisé-.
De nuestro universo. Mi error.
Recuerdo tu nombre a lápiz en cualquier esquina.
¿La pizarra? ¿Eso existía?
Para mí sólo existías tú. A pesar de que no te veía.
Tan solo recuerdos que nunca fueron
pero que yo pinté sin pincel
en un lienzo que fue un cuaderno
en el que yo te dibujé.
martes, 31 de julio de 2012
miércoles, 18 de julio de 2012
Puentes.
Te ofrecí mis sueños y guardé
silencio. Me quedé
quieta y para ver cerré
los ojos y olvidé.
Tú esperabas una palabra
y yo un hecho
mientras mi corazón, deshecho,
entre sonrisas se ahogaba.
Tú mirabas la distancia
pero yo a mis pies no veía nada:
ninguna huella, ninguna pisada.
No había migas de pan que marcaran
el camino, ni siquiera las estrellas se mostraban.
Aturdidas, contemplaban
cómo éramos tú y yo, a cada extremo del puente
hecho de retazos de madera de alguien,
sí, yo, que quería ser más fuerte.
Te obligué a caminar
hacia el medio con el primer paso.
Te hice avanzar
por aquel puente inventado.
Y en el centro, al parecer, nos encontramos.
Pero, y aunque echamos a andar en armonía
debajo de cada sonrisa latía
un miedo, un sueño. El deseo
de que esta vez, tú andaras primero.
Y sin embargo, no cruzaste a buscarme
para darme la mano y llevarme
al centro del puente para tirarme y que saltara contigo
en aquel acantilado desde el que hoy escribo.
Me prometiste un futuro, un cuento.
Pero te olvidaste de algo primero:
pues para llegar al cielo,
hay que escalar primero.
miércoles, 11 de julio de 2012
Día de tormenta.
Amanecía verde el campo
Cuando el cielo gris se mostraba,
Los meteorólogos anunciaban chubascos
Y la luna una tormenta envenenada.
El rocío era un espejo donde la luz se estrellaba
Y miles de hormigas se ahogaban,
Porque a veces lo más bello, es lo que más daña.
Desde lo alto las nubes amenazaban,
Y el arroyo corría ayudado por la corriente
Breves ondas en su superficie se formaban
Que contribuirían a las olas de la gran masa salada
Donde los sueños se ahogaban.
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